Antes de hablar de números, necesito contarte algo. Aquí tienes una guía honesta, sin rodeos, sobre lo que de verdad cuesta una web hecha a medida.
Cada vez que entrego una web, hay un momento que no tiene precio. El cliente la abre por primera vez, se queda en silencio unos segundos y después dice algo como: "Esto soy yo. Esto es exactamente lo que quería."
"Esto soy yo. Esto es exactamente lo que quería."
Ese momento es la razón por la que hago lo que hago.
Pero sé que antes de llegar ahí, lo primero que te preguntas es: ¿cuánto me va a costar esto?
Y la respuesta honesta es: depende. No porque quiera evitar la pregunta, sino porque una web profesional de verdad no es un producto de catálogo. Es algo que se construye para ti, desde cero, con tu identidad, tu esencia y tus valores.
Pero vamos a entrar en detalle para que tengas una imagen clara.
Una web no es como comprar un electrodoméstico. No hay un modelo estándar con un precio fijo.
Lo que determina el precio de una web es la cantidad de trabajo real que hay detrás: el tiempo de diseño, la complejidad técnica, las secciones que necesitas, si tiene sistema de reservas, si es bilingüe, si tiene blog, si integra pagos...
Una landing page sencilla no cuesta lo mismo que una web completa con catálogo de productos, galería, formularios y optimización para Google.
Hay básicamente tres formas de tener una web. Aquí tienes las diferencias reales:
Te dan una plantilla que miles de negocios ya usan. Arrastras bloques, cambias colores y textos, y en unas horas tienes "algo". El problema es que ese algo se parece a todo lo demás.
Un diseñador coge una plantilla ya hecha y la adapta un poco. Más rápido y más barato, pero sigue sin ser tuya. La estructura y la tipografía son de otra persona.
No hay plantilla ni punto de partida genérico. La web se construye línea a línea pensando en ti, en tu negocio y en qué quieres transmitir.
Cuando alguien me contrata, no está pagando solo por un diseño bonito. Está pagando por todo esto:
El proceso empieza antes de escribir una sola línea de código. Hablamos, te escucho, entiendo tu negocio, tus valores, tu público. Ese trabajo previo es lo que hace que la web final te represente al 100%.
Código puro, sin plantillas, optimizado para cargar rápido y funcionar bien en cualquier dispositivo.
Cuando está lista, no te la entrego y desaparezco. Configuro Google Analytics y Search Console para que sepas cuánta gente te visita, te ayudo con el dominio y el hosting, y me aseguro de que todo esté funcionando antes de darte las llaves.
Para que tengas contexto:
No diseño webs genéricas. Lo que hago es plasmar tu identidad en código.
Cuando termino tu web y la ves por primera vez, quiero que sientas que es tuya. Que te representa al 100%. No una web más del montón, sino algo único que lleva tu esencia, tu estilo, tus colores, tu forma de ser.
Tú eliges. Yo te asesoro y te acompaño en cada paso. Pero la web final es tuya, creada para ti, desde cero.
Y esa satisfacción que siente el cliente cuando ve el resultado no tiene precio para mí.
Cada proyecto es diferente, así que lo mejor es que me cuentes lo que necesitas y te preparo un presupuesto a medida sin compromiso.
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